COVID19

Respuesta a la pandemia COVID19

Cuando una persona se presenta a un cargo de responsabilidad en una institución como la nuestra, lo hace con una vocación de servicio público, con la intención de mejorar las cosas y de implementar con éxito un proyecto ilusionante.

Naturalmente, además de esa ilusión por mejorar las cosas, hay que ser consciente de que en el camino surgirán obstáculos y que es probable que se tenga que hacer frente a situaciones difíciles que no estaban siempre previstas. Lamentablemente, ser consciente de que eventos excepcionales puedan ocurrir, no hace que sea menos duro gestionarlos. 

Todos nosotros estamos pasando por una situación trágica asociada a la pandemia de COVID19 que nos asola y, como máximo responsable institucional de la URJC durante estos meses, no podía dejar de compartir algunas reflexiones sobre el que, sin duda, ha sido el acontecimiento más importante que, lamentablemente, nuestra universidad ha tenido que afrontar en estos cuatro años. 

Se trata de una circunstancia que ha sido, y sigue siendo, terrible, que ha generado, y sigue generando, un enorme sufrimiento y al que creo que debo acercarme desde un tono y una perspectiva muy diferentes de los que he venido utilizando a lo largo de estos días 

La propagación de la COVID19 ha causado dolor y angustia en todos los rincones del planeta, mostrando una especial crueldad y ensañamiento en nuestro entorno más cercano. 

Querría, en primer lugar, mostrar mi más sentido respeto hacia aquellos que ya no están con nosotros y, desde la más profunda humildadmi cariño y afecto hacia sus familiares y seres queridos que los echan de menos y se enfrentan al dolor de una pérdida que nunca podrán recuperar.

Querría mostrar también mi solidaridad con los que han sufrido la enfermedad y padecen todavía sus secuelas, con aquellos a los que la pandemia ha colocado en una situación de dificultades económicas y tienen que cargar con el peso y la angustia de un futuro incierto y también con a los colectivos que trabajan cada día para combatirla y para garantizar que nuestra sociedad pueda seguir funcionando

Atravesamos, por lo tanto, una situación donde el comportamiento ético y solidario resultan esenciales en la que, en la medida de las posibilidades de cada uno de nosotrosdeberíamos hacer lo posible para ayudar y mitigar el sufrimiento de aquellos que están pasando por mayores dificultades.  

Y si el daño de la COVID19 afecta de forma transversal a la sociedad, lo hace también de un modo muy intenso a la educación. 

Nadie pone en cuestión que congelar el sistema educativo por un año tiene unos efectos terribles sobre la formación y el bienestar social y económico de nuestra sociedadEl daño se haría sentir durante la vida laboral de al menos una generación, afectando a la viabilidad